El día que Charly García tocó en Lomas de Zamora

Es un sábado cualquiera en la peatonal Meeks en Lomas de Zamora. Dentro de unos minutos los comerciantes por fin cerrarán sus locales tras un intenso día de trabajo. Una melodía llega desde lejos e insiste con quedarse: es un inconfundible tango pero lo ejecuta el mismísimo Charly García. Lo sabemos por el bigote bicolor, su vestimenta poco casual y la histriónica técnica frente al piano. Logra juntar a un par de curiosos que, atónitos, contemplan las destrezas del músico emblema del rock nacional. Se lo ve algo más pequeño pero elástico, un poco amarillento pero de inmejorable aspecto, algo más desgarbado pero qué importa: es Charly.
Las crónicas periodísticas dirán sobre su intempestiva actuación, en este lado del Sur del Conurbano, que sólo detuvo su concierto dos veces: cuando una fan se acercó para retribuirle su talento y la vez que un niño quiso saber de qué se trataba esa música algo indolente –tal vez, sus padres le comenten de grande que presenció un recital de Charly en Lomas de Zamora–.  También mencionarán sobre la austera escenografía que sólo servirá para confirmar que ciertos genios no necesitan de tantos recursos para dar grandes lecciones de arte.
Gracias por su colaboración, dice un cartel dentro de una valija que sirve como boletería. Sospechamos que el ex Serú Girán vive allí mismo y deambula de acá para allá según lo amerite la situación o las ilusiones que requieran ser encendidas. Soñemos.

 

 

 

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