Notables del conurbano: seis hallazgos gastronómicos

Seis perlas gastronómicas que, con más de medio siglo de labor, reflejan el andar de las sociedades urbanas: nuestra propia existencia. 

La Tarzán – Castelar.
Un bar de estación tiene la gran responsabilidad de volverse inolvidable para aquellos que lo abordarán a diario. No es la excepción para La Tarzán de Castelar, fundado en 1949 al ritmo del despertar de esa localidad.
Un inmigrante italiano vio sobre la calle Los Incas el sueño del “boliche” propio; para ese entonces, Castelar contaba con pocas calles asfaltadas y algún que otro bar y el infaltable tren, en frente.
Bar en sus comienzos, restaurante en su apogeo y pizzería en los ochenta, más siempre un clasico que tuvo la potencia para sobreponerse a los vaivenes de cada época. “Bienvenidos a Tarzán”, se lee en un cartel fileteado en cuyo centro está representada la imagen de un tren en la estación Castelar: para cuando lo hayamos contemplado, Tarzán se quedará para siempre en nuestra memoria.
Los Incas 2309. Castelar. Tel.: 011 4629-5983

El viejo cañón – Avellaneda
Usted puede estar sentado en una apacible mesa esperando el almuerzo en el mismo lugar donde alguna vez transcurrió parte de la historia del país: en tiempos coloniales, la esquina donde ahora se encuentra el Viejo Cañón fue zona de batallas coloniales, al menos así lo entendieron sus dueños cuando al refaccionar el lugar hallaron balas de cañón oxidados, bayonetas y cartuchos que pertenecían a esa Argentina primitiva.
En la década del  40´ los almacenes y el tango eran moneda corriente: ese fue el origen del Viejo Cañón, cuyo hermanos fundadores eran expertos en cerveza tirada. Más acá en el tiempo, El Viejo Cañón sigue ofreciendo historia y delicias para la amplia población que lo transita y no se cansa de volver por un poco más.
Av. Hipólito Yrigoyen 996 – Avellaneda Tel.:011 4228-8009

Las Palmas – Lanús
Las Palmas representa el típico lugar que fielmente nos acompaña, sin darnos cuenta, por tantísimas epócas de la vida. Ya de niños, plaza y café con leche; ya de adolescentes punto neurálgico para entrar a los boliches de la zona; ya de adultos, café para reflexionar sobre lo que se nos fue. Con todo, Las Palmas es emblema del paisaje lanusense desde 1958: pareciera ser que siempre estuvo ahí.
Av. Hipólito Yrigoyen 4498. Lanús. Tel.: 011 4240-4554

Restaurante Félix – Avellaneda
Para Astor Piazzolla era el mejor lugar del mundo para comer mariscos. Otro tanto pensaba el artista Raúl Soldi quien frecuentaba Félix, fundado en 1956 por Félix Estrada quien lo pensó como un lugar donde reunir a ese puñado de obreros portuarios con hambre voraz. El tiempo no arruinó la esencia de Félix cuya carta conserva más de 150 platos de mar y una historia que se refleja en ese mobiliario que incluye decenas de botellas traídas de varios rincones del mundo.
Freire 794, Avellaneda. Tel.: (011) 4228-5874

Pizzería Víctor – Vicente López
Todo indica que en Maipú, esquina H. Irigoyen, en Vicente López nos topamos con una clásica pizzería de barrio. Pero no es por su cartel fileteado, el toldo de chapa o que la fachada conserve algo de los años cincuenta (época en la que fue fundada). Son los detalles culinarios lo que hacen al clásico: la soda viene en sifón, el vino en pingüino y la fuggazetta tiene fama de exquisita (así reza un viejo recorte de diario que cuelga como trofeo en una de las paredes de la pizzería cuyo artículo enriquecen las bondades del lugar) mientras, los años corren, la zona se urbaniza hasta lo imposible pero Víctor queda para los de ayer y los de hoy que lo siguen frecuentando.

Av. Maipú 1798. Vicente López. Tel.: (011) 4796 9141

Almacén Santa Rita -Adrogué
No son pocas las huellas que Borges dejó por Adrogué –o que Adrogué dejó en él–, basta remitirse a este fragmento del cuento El Sur, publicado en 1956 en el diario La Nación:
“El almacén, alguna vez, había sido punzó, pero los años habían mitigado para su bien ese color violento. Algo en su pobre arquitectura le recordó un grabado en acero, acaso de una vieja edición de Pablo y Virginia. Atados al palenque había unos caballos. Dahlmam, adentro, creyó reconocer al patrón; luego comprendió que lo había engañado su parecido con uno de los empleados del sanatorio. El hombre, oído el caso, dijo que le haría atar la jardinera; para agregar otro hecho a aquel día y para llenar ese tiempo, Dahlmann resolvió comer en el almacén.”
El Sur existió para Borges y el almacén que inspiró a este cuento, también. La esquina de la calle Quintana al 400, conserva esa fachada de finales del siglo XIX, cuyo tiempo no existe más que en la literatura borgeana.
El Almacén Santa Rita es un restaurante a puertas cerradas, sólo es posible comer allí con reserva y una vez dentro sabremos que se trata de un lugar distinto: será por Borges o por el actor italiano Marcelo Mastroianni –quien apareció en el lugar en 1992 para filmar escenas de película De eso no se habla– pero es probable que el comensal, además de saciarse, se lleve la imperdible sensación de haberse transportado a ese tiempo de llanuras, de gauchos y compadritos. A ese tiempo que tan bien saboreó un tal Jorge Luis Borges.

Quintana 407, Adrogué. Tel.: 011 4294-0411

 

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