Origen

La palabra Conurbano no existe en el diccionario de la Real Academia Española. Sin embargo, alguna vez la hemos escuchado,  sabemos –o intuimos– que el conurbano consiste en un territorio ubicado más acá o más allá de la gran ciudad donde vive mucha –muchísima– gente pero ¿Qué es el conurbano? ¿Cómo y cuándo nació? ¿Por qué? Y finalmente ¿Cuál es su origen (si es que hay uno o varios)?

Patrick Geddes (1854-1932) fue un biólogo británico con el suficiente tiempo para pensar sobre el territorio en que vivía e inventar palabras que ayuden a comprenderlo. A comienzos del siglo XX al notar que su Londres crecía a ritmo imparable, se descubrió, concienzudo, estudiando las consecuencias que esto provocaría; tanta gente viviendo en un mismo lugar era demasiado curioso, tanta gente en tan poco territorio: llamemos a este fenómeno conurbation, imaginemos, que dijo.

No sólo de inventar palabras vivía Geddes, también diseñaba planos de ciudades y publicaba libros que en la época se leían como best sellers,  la Oxford University Press publicó en 1916 –diez años después de la irrupción de Geddes– un informe ubanístico, basado en sus ideas, cuya intención era entender a Londres y su inminente crecimiento demográfico. Ya en esos remotos tiempos se había pensado sobre el conurbano como una especie de aglomerado que merecería ser estudiado y acompañado con medidas sociopolíticas.

Pero iba a demorarse la creación del Conurbano Bonaerense, todavía.

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Argentina, a finales del siglo IXX, contaba con 19 mil hectáreas, un diez por ciento de edificación y soñaba con abandonar para siempre el concepto de “Gran aldea” y expandirse tanto como para convertirse en la primera ciudad de Latinoamérica. Era urgente establecer límites, dónde comenzaba y terminaba esa primera ciudad latinoamericana.

El Plan de Mejoras para Buenos Aires –a través de esta historia habrá tantísimos planes y documentos que dicen, desdicen, proyectan y hunden en el olvido a otros tantos proyectos– de 1898, sugería que el Camino de Circunvalación (hoy, la General Paz) junto con el camino de la ribera –el Riachuelo– sería el límite ideal para dividir Ciudad y Provincia de Buenos Aires. En aquel entonces, los límites se establecían más de manera ideológica que por un mero análisis urbanístico. El tema era sencillo: un riachuelo separa, un puente aleja y un territorio distinto divide. Ciudad y provincia. Nada más simple.

A comienzos del siglo XX en la Ciudad de Buenos Aires vivían 700.000 personas y en los alrededores –porque todavía le estaban buscando nombre a los alrededores– 120.000 habitantes. Jamás el aumento de población se detendría pero si unos querían poner límites otros veían, en esto, un problema.

Antiguo mapa de la provincia de Buenos Aires
Antiguo mapa de la provincia de Buenos Aires

El ingeniero Carlos María Della Paolera –nombre sagrado en el mundo del urbanismo–,  desarrolló ideas que nada tenían que ver con una ciudad enfrascada en sus límites; en la Exposición Municipal de Urbanismo de 1932 –que él mismo organizó– protestó sobre las falta de investigaciones y programas profundos, y alertó que aquello que se extendía allende la gran ciudad era algo que merecía investigaciones más serias. El clima era el soñado, hasta la revista de Arquitectura –publicación de importancia de la época– celebró este repentino despertar; cuando tres años después, en 1935, Della Paollera volvió con planos, análisis y estadísticas sobre el territorio de la Conurbación no hizo más que inspirar a otros a seguir el mismo rumbo. Ya eran muchos que lo entendían así: la ciudad debía ser estudiada como un todo y que adiós a los estudios municipales y que había que crear organismos dependientes del Estado con el fin de administrar correctamente esas poblaciones que crecían vorazmente.

Pero iba a demorarse la creación del Conurbano Bonaerense, todavía.

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A fines de la década del 30´el ingeniero Nicolas Bessio Moreno publicó Buenos Aires, puerto del Río de la Plata, capital de la Argentina. Estudio crítico de su población, 1536-1936, allí analiza a la ciudad de Buenos Aires y quince partidos. La población total del Gran Buenos Aires superaba los 3.600.000 habitantes incluyendo los casi 2.500.000 de la Capital Federal.

Los partidos del Conurbano se estudiaban gracias a unos pocos informes de unos pocos entusiastas:  Enrique Udaondo, Antonino Salvadores, José Torre Revello y Guillermina Sors de Tricerri,  quienes a su vez –y debido a que no hubo censos desde 1914-1947– hojeaban constantemente los informes publicados por la Dirección General de Estadística, el Cuarto Censo General de la Capital Federal de 1936 y el Censo de la Provincia de Buenos Aires de 1938; es decir, los pocos urbanistas ávidos de entender al Conurbano –que todavía era un territorio sin nombre– recurrían a información desactualizada; con todo, lo que los movilizaba era lo mismo: la ciudad crecía, pero la extensión del territorio no estaba del todo clara, si para Bessio Moreno la conurbación comprendía 1.200 km para el historiador Bonifacio del Carril no eran más que la Capital y 669 kilómetros: Avellaneda, Lomas de Zamora, Vicente López, San  MartínSeis  de  Septiembre (Lanús),  un poco  de  Las  Conchas (Tigre), Almirante  BrownQuilmes y La  Matanza. Nada más. Tanto crecimiento de población era un riesgo para el futuro de la Nación, dicen que decía, rayando cualquier simpatía para con los pobladores de ese conurbano.

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El Grose Berlin,  el Greater London o la Region Parisienne, ¿Por qué no el Gran Buenos Aires? No fue hasta el Censo de 1947 y tras 33 años de sequía en cuanto a estadísticas, que por fin vio la luz esta definición. ¡Nacía el Conurbano Bonaerense! Eran tiempos de Perón y la nacionalización de servicios públicos de agua (Obras Sanitarias), telefonía (Empresa Mixta Telefónica Argentina (EMTA) y de reformas laborales.  Un día después de la Navidad de 1947 la Municipalidad de Buenos Aires decretó que se debía realizar un plan para ese flamante Gran Buenos Aires.

Si urbanistas querían fijar  los límites del Conurbano y sus partidos, a través de los paisajes de éstos, su densidad poblacional, o por factores demográficos y/o administrativos, no hubo un documento oficial que mencione el cómo, cuándo y por qué de los límites del Conurbano.

Los primeros datos del censo 47´dejaron dos detalles: en el camino se habían perdido la inclusión de Almirante Brown, Merlo, Moreno y otros se descubrieron no estar originalmente en los planes de nadie: Florencio  VarelaGeneral  Sarmiento  y  Esteban Echeverría; para pertenecer al Conurbano bastaba estar cerca de alguna zona poblada o de las vías del tren.

Partidos más, partidos menos, los resultados finales del Censo vieron la luz en 1949 estableciendose el Gran Buenos, representados en diecisiete partidos.  Desde entonces, el derrotero de partidos que parieron otros no es menos que llamativo: En 1959 se creó Tres de Febrero gracias a tierras que pertenecían al partido de San Martín, en 1960 Quilmes da a luz a Berazategui; otra suerte tuvo el desaparecido General Sarmiento que mutó en el trio San Miguel, José C. Paz y Malvinas Argentinas. Hurlinghman e Ituzaingó alguna vez fueron Morón, así como también Ezeiza y Presidente Perón tuvieron que desprenderse de Esteban Echeverría. Este convulsionado andar de los (¿ahora, por fin?) veinticuatro partidos sucedió sin que el territorio del Conurbano se altere un centímetro.

Y  más: en poco más de medio siglo y según datos oficiales, el Conurbano bonaerense integró el Aglomerado Bonaerense (1960), la Región Metropolitana (1963), el Gran Buenos Aires (1980), el AMBA (1991), la Región Gran Buenos Aires (2001) y la Zona Metropolitana de Buenos Aires (2010).

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Pero la quietud nunca existió en el ADN del Conurbano, en los informes del INDEC de los 2000 hay menciones sobre “cordones”, que no es otra cosa que un muro imaginario que nos ofrece tres o más Conurbanos. El que contiene 24 partidos más otros dos –o tres, o mil– que se dividen y subdividen dependiendo de las características socioeconómicas de su suelo, dando rienda a cuarenta partidos de lo más eclécticos: mientras en La Matanza viven un millón y medio de personas, en la rural Cañuelas desde hace más de un siglo producen dulce de leche o en Marcos Paz no se aburren de encontrar, cada semana, fósiles de dinosaurios.

Todo sucede en el mismo y en los tantos otros Conurbanos nacidos y por nacer. Demasiado.

Ni el viejo Geddes hubiera imaginado tanto.

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