Qué fue de aquellos lugares (Parte II)

Puede que pasemos por la puerta de estos lugares y nada nos llame la atención, son corrientes, tradicionales, no hay señal que delate la álgida historia que transcurrió tras sus paredes. Sospechemos.
 
 
La Casona (Lanús)
Inaugurada en la década del 80´ cobijó a generaciones de jóvenes en las noches de la zona sur del conurbano. Bandas de la talla de Virus o Soda Stéreo pasaron por allí, logrando ese lugar convocante que toda disco sueña. El trágico final llegó en 2006 cuando un joven murió tras una golpiza por patovicas del boliche. Aquella noche anunció el fin del mítico lugar que ahora se reduce a un puñado de locales que ocupan el terreno donde alguna vez se situaba el jardín de la entrada. Las arcadas que funcionan como salida de vehículos es lo único que queda de la fachada de la Casona: pocos lo notarán. 
 
 Dónde: 25 de Mayo 55, Lanús Oeste 
 
 

El Mocambo (Haedo)

La República Separatista de Haedo tuvo el privilegio de abrazar en su territorio a El Mocambo, un reducto ubicado en Remedios de Escalada 25, donde desembarcaron por primera vez bandas como Smitten, Arbol, Attaque 77, Divididos, Babasónicos, Fun People, Viejas Locas, Bersuit Vergarabat, Los Cafres, entre otros.

Todo comenzó en 1996 en un concierto de La Mississippi, la luz se apagó a fines de 2004 cuando Coco, su dueño, decidió darle fin a uno de los semilleros del rock nacional; dicen que el día que cerró El Mocambo se agolparon quinientas personas que querían despedirse de uno de los templos del rock del oeste y también llevarse un recuerdo del lugar donde se conjugaron dos imperdibles: rock y amistad.

Ahora el coqueto Restaurante Veinticinco nos ofrece cocina de autor donde alguna vez se rockeó hasta bien entrada la madrugada.

Foto: Sofi Topik

Dónde: Remedios de Escalada 25. Haedo.

 

La casa natal de María Elena Walsh (Villa Sarmiento)
 
Don Enrique Walsh la compró en 1923, en aquel entonces Ramos Mejía, hoy jurisdiccionalmente, Villa Sarmiento, Morón. Se llamaba Caseros, ahora 3 de febrero, a sólo doscientos metros de la Estación Ramos Mejía.

El genio de María Elena Walsh comenzó a encenderse entre las paredes de esta casa donde vivió hasta los catorce años. Después, fue leyenda para grandes y chicos: poetisa, periodista, dramaturga, una figura esencial para la cultura argentina.

De la casa queda una fachada marchita, abandonada, que contrasta con el alma inquieta y soñadora que la habitó por tanto tiempo. 

Aquellos años tan inspiradores en la obra de María Elena Walsh dejaron geniales relatos como el siguiente: 

Fideos finos 

Voy a contarles lo que había 

entonces en Ramos Mejía. 

Había olor a tía, 

veredas de ladrillo con pastito 

y, tras la celosía, 

un viejo organillero con monito. 

Y había por los caminos 

muchísimos fideos finos. 

Había un cielo entero 

por donde navegaban las hamacas 

y leche que el lechero 

traía, no en botella sino en vaca. 

Había lluvia en tinas 

y patios con ranitas adivinas, 

y una gallina clueca 

mirándonos con ojos de muñeca. 

Había a cada rato 

un gato navegando en un zapato, 

y había en la cocina 

una mamá jugando con harina. 

Dónde: 3 de febrero 547. Villa Sarmiento

EMAIL
INSTAGRAM

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *